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PARTICIPACIÓN ACTIVA

Las personas que acuden a una mediación son los protagonistas activos en el proceso. Ellos deciden sobre lo que quieren hablar implicando a la otra parte en el diálogo que se va trazando con la ayuda del mediador. De este modo, los mediados controlan en todo momento qué decisiones se toman y a qué acuerdos se llegan en su caso. El mediador facilita la comunicación, pero los protagonistas son los mediados. Hasta el punto que cualquiera de los mediados puede poner fin a la mediación en el momento en que así lo considere.

ÁGIL Y RÁPIDO

El proceso de mediación es un proceso mucho más rápido que un proceso judicial contencioso. Según los casos, el proceso contencioso que se tramita en un juzgado puede durar de uno a varios años, sin embargo, una mediación puede resolverse en una media de tres o cuatro meses según los conflictos y las agendas de los mediados. La agilidad que ofrece la mediación se debe a que no existen plazos procesales o trámites administrativos de una oficina judicial. La mediación se adapta a las necesidades y a la velocidad de los interesados.

ASEQUIBLE

La mediación tiene costes muy inferiores a los costes judiciales. Los costes irán acorde según los casos y el número de sesiones de mediación pero en todo caso no implican tampoco riesgo de condena en costas judiciales. Además, los honorarios del mediador lo pagan entre las partes salvo que entre ellas se acuerde otra cosa, por lo que los costes de la mediación se dividen entre dos o más partes.

SEGURO

El proceso de mediación ofrece seguridad a las partes al encontrarse en un espacio dirigido por un profesional que facilita la comunicación no violenta, segura y respetuosa. Por otro lado, la mediación es un proceso jurídicamente seguro, regulado por ley y cuyos acuerdos pueden ser elevados a escritura pública para su obligado cumplimiento.
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